Un equipo de trabajo puede formarse con "rapidez"; artistas, productores, gestores, técnicos y comunicadores reunidos alrededor de un proyecto, una producción o un festival. Pero el trabajo en equipo surge solo cuando existe una verdadera conexión humana, una escucha atenta y una visión compartida que trasciende las tareas individuales. El primero se sostiene en la planificación y se organiza en roles; el segundo, se sostiene en la confianza, y se consolida con vínculos.
En el sector cultural, donde los recursos suelen ser limitados y la creatividad es la principal herramienta, el trabajo en equipo se convierte en una forma de resistencia y de esperanza. Es el espacio donde la diversidad se transforma en fuerza, donde cada voz encuentra su lugar sin anular a las demás, y donde los logros colectivos tienen más sentido que los individuales.
He tenido la oportunidad de vivir procesos en los que un grupo de personas, unidas por la pasión de crear, logró convertir una idea en una experiencia artística capaz de emocionar y conectar a otros. Allí entendí que el trabajo en equipo no solo produce resultados, sino que genera comunidad.
Cuando trabajamos en cultura, no solo construimos proyectos; construimos relaciones, aprendizajes y futuros posibles. El arte, por esencia, se nutre del encuentro. Y en la práctica cultural, ese encuentro se traduce en la capacidad de crear juntos.
En cultura, colaborar es un acto artístico en sí mismo. Y quizás, ese sea el mayor valor del trabajo en equipo, recordarnos que el arte (y la cultura), florece cuando se comparte.
Jesús Alcívar